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Aprobados definitivamente los Presupuestos de 2018heredados del Ejecutivo del PP, el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez afronta el reto de tomar el timón económico del país. A fin de lograr munición para aumentar el gasto social e imprimir así un sello propio a las cuentas públicas, o para tratar al menos de mandar un mensaje al electorado de izquierdas anunciándolo, su Gabinete baraja una batería de medidas con las que incrementar los ingresos del Estado hasta en 15.000 millones de euros.

Se trata de un ambicioso paquete de medidas, con desigual dificultad de aplicación e hipotecado a los pactos que pueda alcanzar en el Congreso un PSOE con solo 84 diputados, que incluye nuevos impuestos y subidas impositivas por valor de 9.000 millones de euros, el destope de las cotizacionesmáximas para apuntalar las malogradas cuentas de la Seguridad Social, o un plan de mejora de la lucha contra el fraude fiscal.

Su minoría parlamentaria, en un clima doblemente preelectoral (con comicios municipales, autonómicos y europeos en 2019 y generales, en 2020) así como la fuerte contestación que despertarán algunos de los gravámenes en los importantes sectores empresariales y colectivos afectados, hacen poco probable que el equipo de Sánchez logre poner en marcha toda la batería.

No obstante, iniciativas como la equiparación impositiva del diésel a la gasolina disfrutan del apoyo europeo y cierto consenso entre los partidos españoles, como también ocurre con la tasa a las tecnológicas, que barajaba impulsar PP. Estas, podrían lanzarse pronto.

Cinco Días